Nunca he llevado a mi hijo mayor en una mochila, ¿se dejará?

Son muchos los padres que han descubierto el porteo durante su segunda ma/pa-ternidad (o en la tercera, la cuarta…). Al llevar a su hijo pequeño y descubrir lo maravillosa que es la experiencia, tanto en lo afectivo como en lo práctico, muchos padres se plantean llevar también a su hijo o hijos mayores. La mayoría de las mochilas ergonómicas tienen un soporte de unos 20 kilos, algunas incluso más, pero entonces surge la duda ¿querrá subirse ahí? ¿se opondrá de pleno? ¿cómo podría animarle a que se dejara llevar?.

Es casi imposible predecir si un niño “mayor” que nunca antes ha sido porteado va a aceptarlo la primera vez que se lo propongamos, especialmente si se encuentra en esa etapa del no tan propia de los dos o tres años. Pero tenemos varias bazas a nuestro favor:

Convertirlo en un juego. ¿Qué niño podría resistirse, por ejemplo, a subirse a caballito con uno de sus padres y galopar un rato?.

– La imitación. Es posible que el niño no quiera ser llevado en una mochila las primeras veces porque se sienta raro pero si ve como algo habitual el que sus padres lleven a su hermano o hermanos, seguro que pronto querrá probar.

– La comodidad. Puede que nos cueste un poco convencerle de que lo pruebe pero en cuanto acceda seguro que ya no querrá bajarse. Ir junto a papá o a mamá, bien sentado, cómodo, sintiendo el calorcito, el movimiento… ¡imposible que no le guste!.

Por supuesto, aquí podemos aplicar todos los consejos que ofrecimos para aquellos bebés que en un principio no parecen sinterse cómodos en su mochila: la experiencia debe ser siempre positiva y nunca se les debe forzar. Si no les apetece, es mejor dejarlo para otro momento y no forzar la situación.

Nuestra experiencia ha sido, precisamente, la de la imitación y también, por qué no reconocerlo, la de tener un poco de celillos. Nuestro hijo mayor durante bastante tiempo no ha querido ser porteado de ninguna de las maneras. Cuando nació su hermano estaba en plena etapa de auto-afirmación y además cuando salíamos a la calle necesitaba liberar mucha energía corriendo sin descanso, ¡lo último que quería era ser llevado en brazos!. No es que no le gustara, es que ni siquiera quería probarlo. Sin embargo, con el paso de los meses ha ido integrando el porteo como algo normal en nuestra familia y poco a poco su interés ha ido en aumento. Casi sin darnos cuenta, ahora es él mismo el que nos dice: venga, que se baje mi hermano que ahora me toca a mi.

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