No lleves a tu hijo mirando hacia fuera en tu mochila portabebés

Cuando vemos papás llevando a sus bebés por la calle en mochilas convencionales (denominadas coloquialmente “colgonas”) es muy habitual ver que han colocado al niño mirando hacia fuera. De hecho, una de las fotos promocionales más habituales en este tipo de portabebés es la de un niño colgando de la mochila y mirando hacia el mundo (front facing lo denominan en inglés).

Muchos padres piensan que esta es una posición estupenda para sus hijos, que lo quieren ver todo, y se decantan por mochilas que se publicitan con esas imágenes en la creencia de que ofrecen un plus, una ventaja adicional, frente a otras que no permiten esa posición.

Nada más lejos de la realidad. Si llevar a un bebé colgando de sus genitales en una mochila de este tipo ya de por si es poco recomendable, transportarlos en esa posición es aún más perjudicial.

Mochilas mirando hacia fuera

Aunque son muchas las  razones para evitar esta posición, para no extendernos demasiado os vamos a enumerar las 5 razones más importantes para no llevar a vuestros hijos mirando hacia fuera en una mochila portabebés:

 

1. Esta postura fuerza la espalda del bebé

Los bebés, de manera natural, tienen su espalda curvada, en forma de “C” (cifosis). Poco a poco, con el paso de los meses, irán adquiriendo mayor tonicidad muscular y podrán sujetar primero la cabeza y después serán capaces de sostenerse sentados, gatear y, finalmente, caminar. Paulatino a este desarrollo se irá modificando la forma de su columna, hasta alcanzar una forma de “doble s”.

Desarrollo de la columna vertebral en el primer año de vida
Fuente: Carried with Love

En una mochila convencional, que no se adapta ni ofrece soporte a la columna del bebé, la columna se ve forzada a estirarse de forma artificial. Si a esto le unimos el llevar al niño de cara al mundo, tenemos a un bebé con su espalda estirada y holgada en el portabebés, tratando de inclinarse hacia atrás para compensar el hueco que queda entre su cuerpo y el de su papá.

De esta manera, la mochila no le ofrece ningún soporte a su columna y además le obliga a forzarla aún más, para compensar el efecto de la gravedad.

Como consecuencia de esto, el bebé no sólo está llevando su propio peso sino que con cada paso del porteador está absorbiendo cada uno de esos pequeños “impactos”.

 

2. No da soporte a la cabeza del bebé

Un bebé que viaja mirando hacia fuera carece de cualquier tipo de soporte que le sostenga la cabeza en caso de necesitarlo. Es cierto que la mayoría de las marcas que venden portabebés que permiten esta posición advierten de que no se deben usar antes de que el bebé tenga control cefálico pero se olvidan de que los bebés siguen necesitando de apoyo para descansar y dormir.

Un bebé que viaja mirando hacia fuera no puede dormirse sin que le cuelgue la cabeza, pues no podrá apoyarla en el pecho de su papá o mamá como sucede cuando viajan mirando hacia dentro.

Si quiere reclinar su cabeza para descansar, deberá forzar su columna aún más para poder apoyar la parte posterior de la misma en el pecho de quien le lleve, algo que se aprecia muy bien en la foto principal de este artículo.

 

3. El bebé pierde la referencia visual con sus padres

Los bebés más pequeños no tienen conciencia de permanencia del objeto, es decir, aquello que no ven, no existe. Un bebé que viaja mirando hacia fuera y no puede ver a sus padres, se siente solo y no tiene capacidad para expresarlo.

La referencia visual con los padres es un punto fundamental de la crianza en el ser humano y se da también en los primates, ayudando a la formación del vínculo que nos une a nuestros semejantes. Un bebé que es transportado junto a su figura de apego, al alcance de su vista, puede ir descubriendo el mundo desde su altura al mismo tiempo que permanece en constante contacto. Ante estímulos que le inquieten, mirará a su padre o su madre para ver cuál es su respuesta e irá procesando esa información desde la seguridad que ellos le ofrecen.

Más aún, el permanecer en contacto estrecho favorece que los padres puedan descubrir tempranamente las necesidades de sus hijos, adelantándose a situaciones de llanto, que siempre es el último recurso del niño para mostrar su incomodidad. Cuando llevamos al bebé mirando hacia nosotros podemos, por ejemplo, darnos cuenta enseguida de las primeras señales de hambre o de malestar, percibir si ha regurgitado o tiene mucosidad que le molesta, etc.

 

4. Los bebés se sobre-estimulan

Los bebés están descubriendo un mundo que desconocen y no disponen de nuestros mecanismos adultos para poder regular el estrés. Por ello, necesitan poder refugiarse apoyando la cabeza contra el pecho (o la espalda) de su papá o mamá siempre que lo necesiten.

Ellos son los que tienen que seleccionar el nivel de estímulo que necesitan y, de hecho, llevar a los bebés en una posición elevada y junto a sus padres es una estimulación fantástica siempre que puedan ser ellos quienes determinen qué quieren ver y durante cuánto tiempo.

 

5. Es incómoda para quien lleva la mochila en esa posición

Como hemos comentado anteriormente, si el niño va mirando hacia fuera va colgando e inclinado hacia delante, lo que modifica drásticamente el centro de gravedad del porteador. Para tratar de compensar este peso, el porteador terminará arqueando la espalda hacia atrás, una posición molesta, incómoda y que sobrecarga la espalda.

 

Pero, ¡es que mi bebé quiere verlo todo!

Muchas veces se insiste en que los bebés son muy curiosos, quieren verlo todo y por eso es necesario ponerles en esta posición.

Un niño que quiere ver lo que pasa a su alrededor puedo hacerlo perfectamente por los lados cuando va pegado al pecho de sus padres. Pero también existen otras posiciones en las que se les puede llevar cuando entran en ese etapa, por ejemplo, colocado en la cadera del porteador. O puede ir a la espalda, mirando por encima del hombro.

El porteo ergonómico ofrece posiciones ideales para niños curiosos mientras que conserva la seguridad y comodidad de ambos.

 

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