La importancia del contacto en los 1000 primeros días de la vida del bebé

La forma en la que un bebé nace, las experiencias que recibe nada más llegar al mundo, son determinantes en la vida de todos los seres humanos.

Así de claro lo explica Nils Bergman, el prestigioso neuropediatra sudafricano, especialista en neurociencia perinatal, que ha sentado las bases científicas del apego y de la importancia del piel con piel.

Los estudios científicos explican que es fundamental que madre e hijo permanezcan piel con piel durante al menos los 1.000 primeros minutos nada más producirse el nacimiento, ya que ese contacto permite que la amígdala (la parte “emocional” de nuestro cerebro) se conecte adecuadamente con el lóbulo prefrontal (la parte “social” del cerebro).

Si no existe este contacto al nacer, el bebé se estresa, tiene miedo, y en lugar de segregar oxitocina (la llamada “hormona del amor”) produce cortisol, una hormona que dicho en lenguaje llano le intoxica, produciéndole cambios físicos y emocionales que afectan negativamente a su vida posterior.

El bebé recién nacido espera ser recibido en los brazos de su madre, ese es su hábitat natural. Nuestra naturaleza mamífera lo deja claro. El contacto con su madre, su olor, su calor, los sonidos que escucha, incluso la primera conexión visual con su madre, todo ello permite al bebé confiar en que el mundo es un lugar seguro, permitiendo a ambos conectarse por medio de la oxitocina.

Este estrecho contacto entre madre e hijo tienen profundos beneficios en el recién nacido, que incidirán en su salud física y emocional.

Pero, ¿y si ese contacto no es posible o se ha roto por cualquier causa? A menudo hablamos de la importancia de los primeros años en la vida del niño, de la etapa que comprende hasta los 5-6 años, la primera infancia. En estos primeros años el cerebro se desarrolla exponencialmente, adquiriendo destrezas y capacidades que le acompañarán durante toda su vida adulta.

La ciencia nos permite conocer que en los primeros años de vida el cerebro se desarrolla en un 80%, habiendo alcanzado el 90% de su desarrollo al terminar esa primera infancia.

Sabemos, también, que el cerebro tiene una capacidad de adaptación extraordinaria, es lo que los expertos denominan plasticidad cerebral. Por eso, incluso cuando hay áreas dañadas, el cerebro es capaz de destinar otras para llevar a cabo los aprendizajes necesarios.

Si ha habido separación al nacer, el íntimo contacto entre padres e hijo permite sanar esas heridas, permite al cerebro retomar el control de sus funciones físicas y emocionales.

Los beneficios del contacto estrecho entre el bebé y su madre están demostrados:

  • Los bebés regulan mejor la temperatura. Los brazos de sus padres son la mejor incubadora que existe.
  • El contacto bebé-mamá permite mantener el ritmo cardiaco.
  • Los bebés porteados duermen más y mejor.
  • El contacto con la figura de apego les permite sentirse seguros, regulando mejor el estrés y haciendo más suave la transición que se produce con su llegada al mundo.
  • Los bebés que son porteados lloran con menos frecuencia, durante menos tiempo y con menor intensidad. El bebé recibe un gran bienestar cuando está con sus padres (cercanía, olor, calor, movimiento) y además los adultos pueden percibir antes cualquier signo de incomodidad que éste pudiera tener.
  • La lactancia materna es un factor fundamental en la salud de los bebés, viéndose facilitado tanto su establecimiento como mantenimiento gracias al porteo.
  • El porteo ayuda a la maduración neurológica del niño así como al correcto desarrollo del sistema vestibular y del tono muscular.
  • Llevar a tu bebé en una mochila ergonómica previene y mejora la plagiocefalia postural y la displasia de caderas.
  • La posición erguida es ideal para los bebés que presentan reflujo y habituales regurgitaciones. Mamar en posición vertical mejora sus molestias y permite que las mamás vacíen su pecho desde un ángulo distinto del habitual cuando amamantan en brazos, lo que contribuye a prevenir obstrucciones y mastitis.
  • El contacto íntimo entre el bebé y sus padres refuerza el vínculo entre ambos.
  • El porteo previene y mejora la depresión postparto, proporcionando a padres y bebés una fuente de bienestar que afianza la confianza de éstos en la crianza de sus hijos.

Por eso, el contacto, el porteo es una forma maravillosa de recibir a nuestros bebés y de mantenerlos cerca de nosotros mientras se desarrollan de manera óptima. Tanto si existió separación en el nacimiento como si no, los niños siempre pueden beneficiarse del contacto próximo con sus padres.

Más en | La Vanguardia: “Los 1.000 primeros minutos de vida determinan la existencia”

Foto | a4gpa en Flickr CC

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