Cómo sacar a un bebé dormido de su mochila portabebés

Cuando hablamos de mochilas ergonómicas, una de las primeras cosas que solemos mencionar es el efecto mágico que tienen con nuestros hijos, incluso con los que no son tan bebés: ¡Es ponerles y quedarse fritos!.

Una vez que están dormidos podemos continuar con nuestras tareas como tuviéramos previsto, de hecho es otra de las grandes ventajas del uso de mochilas portabebés. Pero  es posible que queramos quitarnos la mochila y aprovechar para hacer otras cosas, por ejemplo ducharnos, siempre y cuando, obviamente, al quitarnos la mochila el niño siga durmiendo.

 

¿Cómo sacamos al bebé dormido de la mochila portabebés sin que se despierte?

A nadie se le escapa que en esto de dejar a un bebé dormido en una superficie horizontal intervienen dos factores que están fuera de nuestro control: la suerte que tengamos y, sobre todo, la forma de dormir que tenga el niño. Hay algunos que no se despiertan ni aunque caiga una bomba mientras que otros con el más mínimo movimiento en falso ya habrán abierto sus ojos como platos. Si vuestro hijo es de estos últimos y queremos que continúe durmiendo quizá debamos olvidarnos de intentar sacarle del portabebés, pero si aún así queremos intentarlo podemos probar los siguientes trucos.

Es importante esperar a que nuestro hijo esté profundamente dormido. Aunque tengamos tentación de soltarle nada más dormirse, es preferible esperar unos minutos, mínimo 10-15 minutos, hasta que esté en una fase de sueño más profunda. La observación aquí es importante, los papás sabemos muy bien cuando el niño está en una fase de sueño ligero de la que puede despertar enseguida o está dormido más profundamente.

 

Si llevamos a nuestro hijo DELANTE:

– Nos acercamos muy despacio a la cama donde le vayamos a dejar.

Sujetándole con firmeza no sólo la cabeza sino todo el cuerpo, nos vamos inclinando sobre la cama. Se trata de que el niño no se despegue de nosotros para que note lo menos posible el cambio de vertical a horizontal. Esta maniobra requiere de cierta forma física pues deberemos ponernos incluso a cuatro patas al tiempo que sujetamos al niño. Si queremos dejarle en una cama grande bien colocado para luego no tener que moverle, es buena idea subirnos primero nosotros de rodillas y luego inclinarnos cuando hayamos llegado al sitio donde queremos dejarle.

Muy lentamente ir soltando nuestra sujección y dejarle reposar en la cama. Seguiremos haciendo un cierto esfuerzo físico porque la mochila aún está puesta y nosotros pegados al bebé.

– Es conveniente esperar un poco antes de despegarnos. Mínimo un minuto o dos, así comprobaremos si el niño ha notado el cambio o no.

Nos desabrochamos los dos broches de la mochila y nos despegamos con muchísimo cuidado.

– Es buena idea taparles enseguida porque en cuanto nos separemos el niño notará la diferencia de temperatura.

 

Si llevamos a nuestro hijo A LA ESPALDA el procedimiento sería parecido, aunque la fase de inclinarnos es más delicada porque no podremos sujetar al niño, que irremediablemente notará más que cambia del plano vertical al horizontal.

 

Una vez en la cama, el tiempo que dure dormido puede ser muy variable. Hay niños que dormirán como si nada y otros tardarán apenas unos minutos en darse cuenta del cambio que les hemos hecho y se despertarán. Aquí intervienen de nuevo esos dos factores incontrolables de los que hablábamos al principio: la suerte y lo dormilón que sea el niño.

Para los niños con el sueño más ligero hay un último truco que podemos probar: dejarles en una superficie que tenga ruedas, por ejemplo una minicuna o un carro de niño. Se trata de que al mismo tiempo que les posamos, podamos mover esa superficie rítmicamente. Aunque noten el cambio, el suave movimiento les hará volver a cerrar los ojos y continuar durmiendo. Es el más difícil todavía, pero a veces funciona.

 

Si hemos logrado con éxito nuestro objetivo, la imagen que obtendremos será parecida a esta:

Sacar bebé dormido de la mochila

¡Mucha suerte!

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